Esta es mi nueva compañera en
Irlanda, la que me saluda todas las mañanas, la que sabe qué quiero de ella y
qué no, y la que sale conmigo a correr. Lo bueno de los animales es que no
utilizan las palabras, sino otras mil maneras de comunicarse contigo, y por eso
da igual en que parte del mundo estés porque te hacen sentir como en casa.
Y nos entienden porque se fijan
en cosas que realmente revelan nuestras intenciones, como el tono de voz o los
gestos, algo que las personas nunca hacemos. Hablamos, hablamos, hablamos y no
nos comunicamos, quizás deberíamos aprender un poco de los animales y mirar más
allá de las simples palabras.

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