Esta no es la receta original, ya que he tenido que adaptarme a lo que hay aquí (el aceite de oliva es más caro y solo tienen una botellita, así que no lo he podido usar)
Ingredientes
250 g de azúcar
3 huevos
Un poco de mantequilla (medio vaso)
Medio vaso de leche
El zumo de un limón
La ralladura de un limón
Para el glaseado (aproximadamente):
110 g de azúcar glass
1 cucharadita de zumo de limón
2 cucharadas de agua
Procedimiento
1. Para empezar rallamos el limón, si exprimimos el zumo antes luego tendremos problemillas para rallarlo.
2. Exprimimos el limón (hay que acordarse de guardar un poco para el glaseado)
3. Mezclamos los ingredientes líquidos (huevos, mantequilla derretida previamente en el micro, leche y zumo de limón) con la ralladura del limón.
4. Añadimos a la mezcla anterior los ingredientes sólidos (harina y azúcar)
En cuanto a los moldes, yo suelo usar el de cristal. No lo unto con nada porque nunca desmoldo el bizcocho, ya que la lío siempre desmoldando cosas. Pero en esta casa he encontrado el molde definitivo, con una tapa debajo para hacerme la vida más fácil.
En resumen, lo suyo es usar molde poco profundo, si es demasiado hondo se nos quedará crudo por dentro.
Al principio parecerá que es muy poca masa, pero que no cunda el pánico que ya subirá, mirad como me ha quedado a mi (si veis que vuestra masa es más líquida, podéis añadir un poco más de harina).
Precalentamos el horno durante 10 minutos a 180º (lo suyo es ponerlo a precalentar mientras hacemos la masa), y luego introducimos el bizcocho a altura media durante 30 minutos.
El glaseado
Y mientras se cocina, nos ponemos con el glaseado. Yo he puesto las medidas, pero realmente es un poco a ojo, procurando que nos quede lo suficientemente espeso como para que al untarlo en el bizcocho no chorree fácilmente por los lados. ¡Cuidado con el agua! Con un poco es suficiente, el azúcar glass absorve muchísimo.
Una vez
pasados los 30 minutos sacamos el bizcocho, y rápidamente le untamos la
mezcla de azúcar glass. Digo rápido porque se solidifica muy rápido al
contacto con el bizcocho.
¡Fin! Ya solo queda esperar a que se enfrie del todo y desmoldarlo (si queremos), ¡mirad que pinta! Nos engañaremos a nosotros mismos y diremos que no engorda, ¿vale?






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