A mi madre siempre le gustó
pintar, y de pequeña yo le decía “mamá, ¿por qué no pintas un rato?”, y ella me
respondía “no tengo tiempo”. Se pasaba el día en la casa conmigo, así que no
entendía esa respuesta, ¡si no estaba trabajando!
Ejerciendo como au pair me he
limitado a atender a los niños y a mis propios asuntos (lavar mi ropa, limpiar
mi cuarto, hacerme de comer, etc). Aunque suelo limpiar las zonas más
frecuentadas como la cocina y el salón o ayudar en alguna cosa puntual (tender
alguna lavadora o ayudar con la compra) no es algo que se me exija. No tengo
que llevar a los niños al colegio, ni hacer gestiones, ni comprar absolutamente
nada, así que realmente no soy ama de casa.
Y aún así NO PARO. Siempre hay
algo que hacer, cuando crees que has acabado y que vas a poder ponerte con el
ordenador o a leer, ¡ERROR! Ahora entiendo cuando las madres dicen aquello de “todavía
no he tenido tiempo para sentarme”.
Trabajar no significa tener que
salir fuera de casa a ganar dinero. Ahora valoro más que nunca a las mamás (y
cada vez más papás) que se encargan de la casa y de la familia desde que se levantan
hasta que se acuestan. Hay que tener mucho valor, mucho aguante, y sobre todo mucho
amor.